[3] La clase obrera en EE. UU. (Magdoff y Foster)

with No Comments

Fuente: Artículo [original] publicado en Monthly Review, vol. 64, nº 10, marzo de 2013, pp. 1-22. Traducción de Joan Quesada. Fred Magdoff es profesor emérito de Ciencias de las Plantas y el Suelo en la Universidad de Vermont. John Bellamy Foster es editor de Monthly Review y profesor de Sociología en la Universidad de Oregón… Los autores desean agradecer a Jamil Jonna su colaboración en este artículo. Selecciones en castellano by www.monthlyreview.org.es is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License. Artículo online: www.monthlyreview.org.es – el trabajo


[3] La difícil situación de la clase obrera en los Estados Unidos

Fred Magdoff y John Bellamy Foster 

Palabras clave: información alternativa, la clase obrera, economía, capitalismo, historia, humanidades.

Acuerdos internacionales contra el trabajo

Los diversos tratados comerciales bilaterales y multilaterales hoy vigentes —como el NAFTA (o TLCAN), el CAFTA y la OMC— no surgieron del aire en respuesta a una nueva ideología de la clase dominante. Más bien son el resultado de un proceso continuado en el que el capital imperial ha creado una estructura económica post-Segunda Guerra Mundial, post-colonial, favorable a sus intereses. Diseñada para otorgar la máxima flexibilidad al capital, dicha estructura se ha asegurado una fuerza de trabajo más dócil, justificadamente temerosa de que sus empleos se «deslocalicen» a países con salarios y otros costes de producción menores. La misma tendencia que ya tuvo lugar en los Estados Unidos y en virtud de la cual las fábricas del noroeste (textiles) y del medio oeste (automóviles) se trasladaron al sur se está produciendo ahora en la escala internacional.

Lo que en círculos financieros se denomina «arbitraje internacional del trabajo», o el traslado progresivo de la producción de las corporaciones multinacionales al Sur global para explotar a obreros con los menores costes laborales unitarios del mundo, ha sido posible gracias a un proceso político internacional, espoleado por el imperialismo estadounidense, que ha abierto completamente las puertas de la periferia del sistema mundial a flujos ilimitados del capital global.15 Eso ha supuesto un ataque en dos flancos contra el trabajo y su poder político tanto en el Sur global como en el Norte global, del que surgiría el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (NAFTA en sus siglas en inglés) como momento emblemático.

En 1998, en Monthly Review, Harry Magdoff describía del siguiente modo todos estos cambios:

El camino hacia el NAFTA se inició a principios del periodo de posguerra. En una conferencia en Bogotá en 1948, veinte naciones americanas firmaron acuerdos que facilitaban la inversión extranjera. Se negociaron tratados bilaterales de amistad, comercio y navegación con países de otros continentes para allanar el camino a la inversión sin límites de capital estadounidense. La ampliación de mercados y de oportunidades para la inversión privada fueron objetivos clave del Banco Mundial y el FMI desde su primer día de existencia. El FMI en particular asumió la toga de supervisor colonial para imponer las reglas del juego, entre las que figura la disciplina de la austeridad para con las masas, a fin de asegurar un flujo ininterrumpido de ganancias y de pagos de deuda hacia los centros del mundo capitalista. La diferencia entre el llamado periodo keynesiano y la actualidad es que, en tiempos anteriores, la disciplina que se le imponía al Tercer Mundo se dirimía con un cierto secreto, mientras que ahora los principios neoliberales se proclaman a voces como la fe verdadera.16

Hay numerosos indicios del empeoramiento de la suerte de las organizaciones obreras y de su poder en relación con el capital en los Estados Unidos desde la década de 1970 hasta el inicio de la Gran Recesión en 2007. Por ejemplo, en ese periodo descendió la tasa de sindicación de la fuerza laboral, mermó la simpatía con que muchos en la sociedad veían a los trabajadores sindicados y disminuyó la frecuencia de las grandes huelgas, que pasaron a ser solo unas pocas al año, en comparación con los, literalmente, centenares de huelgas anuales que tenían lugar en el periodo de 1950-1980. No hay duda de que la rendición cada vez más manifiesta de los trabajadores ante los ataques del capital se debió a la comprensible preocupación de estos porque los jefes contrataran a trabajadores de sustitución durante las huelgas o cerraran las instalaciones y se llevaran los empleos a otros lugares de los Estados Unidos o a otro país.

Dados los problemas ya preexistentes del trabajo y las negativas tendencias para este, la Gran Recesión (que oficialmente se considera que duró desde diciembre de 2007 hasta junio de 2009) y el fuerte estancamiento que ha venido a continuación solo han hecho que la situación de los trabajadores estadounidense sea aún más precaria. Por lo que respecta a los obreros, la Gran Recesión se ha transformado en el Gran Estancamiento, con la «recuperación» más lenta de una crisis en todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los salarios se han estancado —la mediana de la renta familiar reales en 2012 menor que en 1996—, y la economía todavía ha de generar suficiente actividad como para recuperar todos los empleos que se perdieron durante la Recesión.

Así pues, los efectos de la Gran Recesión y el Gran Estancamiento solo han servido para empeorar las condiciones asociadas a la pérdida de poder de los trabajadores después del prolongado ataque llevado a cabo contra el trabajo. A este respecto, existen varias tendencias significativas que operan simultáneamente: (1) la disminución de la ocupación; (2) la erosión de la salud asociada a la pérdida del empleo; (3) el estancamiento de los salarios; (4) el aumento de los pobres con empleo; (5) el incremento de la explotación del trabajo en el empleo; (6) la disminución de la parte de la renta correspondiente al trabajo. Es importante que nos ocupemos de cada una de ellas por separado, pero también de la relación entre estas, para comprender mejor la dimensión de los problemas.

[ Sección 4: La disminución de la ocupación … ]


Notas
  1. Sobre el arbitraje global del trabajo, véase Foster y McChesney, The Endless Crisis, pp. 137-143.
  2. Harry Magdoff, «A Letter to a Contributor: The Same Old State», Monthly Review, vol. 49, nº 8, enero de 1998, pp. 1-10.