Resumen: Se hace un breve repaso histórico del papel de los libros y las bibliotecas en los Estados Unidos y se pregunta si el impacto de los medios electrónicos dará como resultado la pérdida de los “valores de la cultura del libro que hizo posible la democracia y el uso responsable de la libertad”. Se describe el interés de la Biblioteca del Congreso en crear una Biblioteca Nacional Digital de historia y cultura americanas para que se pueda acceder gratuitamente a través del Web a contenidos educativos de calidad, dotándola asimismo de intermediarios humanos que ayuden a integrar el nuevo conocimiento en línea con la vieja sabiduría de los libros.
Palabras Clave: Sociedad del conocimiento; división digital; tecnología de la información y las telecomunicaciones; desarrollo sostenido; la profesión del bibliotecario.

Fuente: ANALES DE DOCUMENTACIÓN, Nº 6, 2003, PÁGS. 267-275. El contenido de esta revista se publica bajo la licencia CC BY 4-0 Atribución/Reconocimiento 4-0 Internacional Deed.

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Humanización de la Revolución de la Información (1,2)
James H. Billington

 

Si la escuela es como un gimnasio para la mente, la biblioteca es como el concepto que los griegos tenían de Alejandría, un hospital para el alma. Por muy grande o pequeña que sea, la biblioteca recoge el conocimiento y la imaginación de la gente y los pone a disposición de todos para su enriquecimiento mental y espiritual. Los libros son como las transfusión de las palabras de otras personas que han existido antes que nosotros y que nos ayudan a enfrentarnos al futuro.

El corazón es el conocimiento que se transmite a través de los libros. Su primer latido comenzó con la búsqueda de la salvación humana a través de los Vedas, los Sutras, la Torá y el Corán. En un principio, no sólo se buscaba la conservación sino también la di-vulgación de historias que diesen sentido a la vida y coherencia a las comunidades.

El conocimiento escrito se remonta a la antigüedad. El papel, la impresión en bloques de madera e incluso los tipos móviles se originaron en Oriente, pero el gran avance en la creación del libro, tal y como se conoce hoy en casi todo el mundo, fue la sustitución del pergamino por el códice en el siglo cuarto en el mediterráneo oriental. Por primera vez, las páginas se crean, codifican y encuadernan como un libro moderno y el lector puede desplazarse por el texto con la ayuda de un índice y es capaz de comparar contenidos lo que le permitía establecer correlaciones entre documentos e incluso plantearse nuevas preguntas. Mientras que un rollo de pergamino podía contener unas 1.000 líneas, el códice podía dar cabida tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento en un solo volumen. De este modo, los cristianos compilaron la Biblia que aún sigue siendo el eje central de la fe de dos mil millones de creyentes de la religión más grande y más problemática del mundo.

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1 Traducción de artículo “Humanizing the Information Revolution”, de Billington, James H., aparecido en la revista IFLA Journal, Vol. 27, No. 5/6 (2001), p. 301.
2 Traducido por Lozano Palacios, A y Poyatos Huertas, E. en colaboración con alumnos de Licenciatura de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada.

En el curso del milenio que siguió, se desarrolló una nueva civilización en el continente europeo. En la Europa Occidental, tras la caída del Imperio Romano, la cultura se conservó y se definió no por el poder sino por los códices cristianos (escritos a mano sobre piel de animal en latín litúrgico y guardados en los monasterios). Las instituciones universitarias empiezan a aparecer después de la recuperación de la cultura clásica anterior a la época cristiana en el siglo XII en España a través de los musulmanes, judíos y cristianos, aunque los musulmanes se consideraban enemigos externos y los judíos internos, conforme Europa avanzaba hacia la modernidad.

Aparece entonces Gutenberg y el libro moderno (redactado en lengua vernácula, impreso en papel mediante una prensa con tipos móviles en grandes tiradas, llegando cada vez a más personas con un contenido cada vez más secular) y llevando a Norte América la Reforma Protestante y la Ilustración del Norte de Europa, la primera y única civilización mundial creada enteramente en la edad de la imprenta. El que los Estados Unidos de América, la más joven de todas las civilizaciones, haya perdurado durante más de dos siglos gracias a la constitución escrita más antigua del mundo que ha funcionado sin interrupciones se debe en gran medida a que sus creadores se formaron mediante los libros. Tanto la primera reunión del Congreso Continental en 1774 como la primera reunión del Congreso bajo la nueva constitución tuvieron lugar en bibliotecas (en Filadelfia y Nueva York, respectivamente) y la primera comisión en la que participaron las dos cámaras del Congreso en la nueva capital de Washington D.C. fue la Comisión Conjunta de la Biblioteca del Congreso en 1802.

La independencia política dio lugar a que las actividades del gobierno pudiesen ser criticadas y a que los cargos públicos tuviesen que rendir cuentas de sus actos en gran medida gracias a la Primera Enmienda de la Constitución y a información gratuita que se daba a los votantes sobre las actividades del gobierno a través del Servicio Postal, fundado en 1792. Con el tiempo, pero cometiendo grandes injusticias con los nativos y los afroamericanos, los Estados Unidos pasaron de una república a una democracia que incluía a más grupos de la población. Este cambio se veía impulsado inexorablemente, aunque a veces de un modo inconsciente, por la concienciación de que el dinamismo de una sociedad libre y multiracial dependía de que cada vez más gente tuviera acceso a más información para utilizarla de más formas. La quintaesencia de este ideal es nuestro sistema bibliotecario público, por el cual debemos dar las gracias especialmente a Justin Morril en el Congreso, a Andrew Carnegie en el sector privado y, sobre todo, a los miles de bibliotecarios totalmente entregados de nuestro país a quienes uno de los predecesores de mi cargo, Archibald McLeish, llamó “centinelas de la libertad”.

Las bibliotecas americanas tienen en común con la sociedad americana una tradición de añadir sin reemplazar. Los nuevos inmigrantes que llegan a América no desplazan a los actuales habitantes y no rechazan las instituciones existentes sino que las renuevan. De la misma manera, en las bibliotecas los libros nuevos no reemplazan a los antiguos y, aunque a menudo se contradicen, sin embargo coexisten pacíficamente juntos en los estantes al igual que los lectores que, a pesar de tener distintas opiniones, trabajan en paz juntos en la sala de lectura.

Pero el reto principal al que las bibliotecas y la sociedad americana en general se enfrentan hoy día es si el uso de la información electrónica significa la pérdida de los libros y de los valores de la cultura del libro que hizo posible la democracia y el uso responsable de la libertad. En suma, nos enfretamos a la mayor revolución en la transmisión del  conocimiento desde la invención de la imprenta: la invasión electrónica de la comunicación multimedia digital. Ésta elude los límites tradicionales del tiempo y el espacio y suscita la pregunta eterna de si las bibliotecas (esos refugios históricos para la lectura, esos templos del pluralismo y cuna del humanismo) pueden continuar sirviendo como hospitales para el alma en un medio que hasta ahora principalmente comercializa productos para el cuerpo.

Utilizando términos del ciberlenguaje: ¿Este mundo post-Gutenberg que se está hominizando (entendido como que el control está en manos de un individuo tras un teclado y una pantalla) se está también deshumanizando (es decir, ya no persigue fines humanos dignos)? ¿Está la comunicación digital sustituyendo a las relaciones interpersonales? ¿Están los nuevos avances digitales aumentado la desigualdad social al favorecer desproporcionadamente a aquellos que ya poseen dinero y educación para poder utilizarlos? Y sobre todo, ¿está la realidad virtual desvirtuando la realidad social?

Las bibliotecas públicas, por su naturaleza, tienen respuestas constructivas a todas estas preguntas y las bibliotecas americanas ya están preparadas incorporando las nuevas tecnologías a sus servicios tradicionales de un modo más integrado y sistemático que muchas otras instituciones públicas.

Permítanme describir brevemente cómo la Biblioteca del Congreso ha estado trabajando durante más de una década para ayudar a hacer frente a estos retos y compatibilizar sus funciones tradicionales de adquisición, preservación y procesamiento técnico con el acceso al material en formato digital.

La Biblioteca del Congreso asumió todas las funciones de una auténtica biblioteca nacional a finales del siglo XIX y principios del XX cuando se convierte en el centro de depósito legal y registro de la propiedad intelectual, recogió la mayoría de la documentaci ón de los presidentes hasta Hoover, reunió documentación única sobre la cultura de los indios nativos y de los afroamericanos, asumió la mayor parte de la responsabilidad de la catalogación para el sistema bibliotecario americano y realizó material gratuito para los ciegos y los disminuidos físicos de toda la nación.

En 1988, tras una serie de reuniones con miles de bibliotecarios de todo el país se decidi ó cuál iba a ser la nueva dirección de la Biblioteca del Congreso en la era digital, adem ás de la catalogación electrónica. A partir de ahí, surgió la idea del proyecto piloto de la “Memoria Americana” en CD-ROM llevado a cabo por 44 escuelas y bibliotecas de todo el país a principios de la década de los noventa. Entonces, como todos bien sabemos, se produjo la explosión de Internet y el proyecto se amplió convirtiéndose en la  Biblioteca Nacional Digital a finales de los noventa que, a finales del año 2000, había puesto en línea siete millones de documentos de la historia y cultura americana. Al igual que la Biblioteca del Congreso ha prestado tradicionalmente a otras bibliotecas americanas libros a través del préstamo interbibliotecario gratuitamente, en ese momento estábamos proporcionando versiones digitalizadas de nuestras grandes colecciones, y a menudo únicas, gratuitamente a las bibliotecas de todas partes.

Utilizamos parte del dinero procedente del sector privado que, en gran medida, financió este programa para continuar añadiendo material histórico único americano procedente de otras 37 instituciones, bibliotecas y archivos documentales de todo el país a la página web de la Memoria Americana. Estábamos intentando llevar al público en general y al mundo de los libros documentos primarios únicos de importancia e interés general ubicados en colecciones especiales, a las que sólo unos cuantos habían podido acceder y únicamente en lugares diseñados específicamente para ello, ya que la Memoria Americana se creó para servir de puente entre bibliotecas. Estamos intentando ayudar a paliar las diferencias de recursos entre los grandes archivos y las pequeñas bibliotecas, adaptar el material antiguo a las nuevas tecnologías y proporcionar un registro más permanente de un medio que inherentemente es efímero y que se está actualizando continuamente.

Lo novedoso para la Biblioteca del Congreso era asumir una función educativa general a nivel nacional cuando siempre había sido la de servir al Congreso, al gobierno, a la comunidad científica y al público en general, principalmente como último recurso.

Las bibliotecas Americanas siempre han actuado como centros locales para la formación permanente. De este modo, la biblioteca nacional estaba adoptando una función más activa que estaba de acuerdo con el reconocimiento político cada vez mayor de que una buena educación es esencial para solucionar casi todos nuestros problemas nacionales e internacionales. Reuniendo por primera vez en la historia de la Biblioteca grandes cantidades de dinero del sector privado, filántropos y fundaciones, pudimos mantener la  tradici ón bibliotecaria americana de ofrecer al público estos costosos materiales digitales de un modo gratuito.

Con la aceleración de los cambios tecnológicos y la crisis educativa de los 90, se vio claro que existían tres necesidades distintas pero complementarias y que cada una de las cuales tiene que ser satisfecha para que las bibliotecas americanas continúen su función histórica de transmitir un conocimiento de difícil acceso a toda la población.

La primera necesidad es poner en red material de contenido educativo de fácil acceso, de calidad y gratuito para todos.

La segunda necesidad es la de proporcionar el hardware y software necesario para hacer llegar estos contenidos a las instituciones públicas como las bibliotecas y las escuelas donde todos puedan acceder libremente desde cualquier sitio.

La tercera necesidad es de intermediarios dentro de estas instituciones públicas para cubrir estas nuevas necesidades de la comunidad y ayudar a integrar la nueva información electrónica con el saber tradicional de los libros.

Sólo se ha empezado a cubrir la segunda y la más impersonal de estas tres necesidades. Las subvenciones públicas y privadas han sido relativamente generosas equipando las escuelas y bibliotecas públicas con el hardware y software necesario para hacer frente a esta nueva forma de difundir el conocimiento. Aunque, en América, la primera y tercera etapa todavía necesitan más inversiones para de este modo poder proporcionar contenidos educativos gratis, por un lado, y asesoramiento en el uso de estos recursos, por otro.

Precisamente, en los últimos años, la Biblioteca del Congreso ha estado intentando hacer frente a estas dos necesidades nacionales con nuevos programas que van más allá del Programa sobre la Biblioteca Nacional Digital original.

Para ayudar a hacer realidad la primera etapa, el Congreso, liderado por el Senador de Alaska, ha empezado a ampliar nuestro programa nacional dándole un carácter universal facilitando los fondos necesarios para un proyecto en el que la Biblioteca del Congreso está colaborando con las bibliotecas nacionales de la Federación Rusa y con otras bibliotecas de ambos países. Ya hemos digitalizado y puesto en línea casi 100.000 documentos primarios traducidos a ambos idiomas que reflejan una experiencia similar en el caso de dos potencias mundiales que antes eran adversarias. Hemos empezado un proyecto similar con España y estamos en negociaciones avanzadas con otros dos países. Nuestro proyectos de colaboración entre países se están agrupando en el portal de Internet “Bibliotheca Universalis” con lo cual se facilita su acceso. Representantes de las siete potencias mundiales (los G7) y otros seis países europeos están coordinando sus políticas de actuación respecto a la digitalización de los documentos primarios y ya han contribuido con contenido para este portal. En el futuro, todo esto formará parte de una biblioteca mundial en línea.

Somos cada vez más conscientes de la necesidad de ayudar a un mayor número de personas no simplemente a acceder a los materiales que estamos digitalizando sino también a usarlos creativamente y desarrollarse. En 1996, se elaboró la página web interactiva Learning Page para ayudar a los profesores a integrar el material digital de la Biblioteca del Congreso en los planes de estudios de las escuelas. El año pasado, presentamos americaslibrary.gov que es una página educativa interactiva y especialmente adaptada a los niños para fomentar la lectura entre los distintos miembros de la familia. Esta página, que ha sido premiada, recibió 100 millones de visitas en su primer año, a pesar de tener pocas imágenes, y, por primera vez, está siendo promocionada en una campaña publicitaria a nivel nacional.

Además de proporcionar un contenido adaptado a las necesidades de los usuarios, la Biblioteca también ha estado intentando, a pequeña escala, formar al personal encargado de actuar de intermediario entre la información y el usuario. Un estudio reciente de la Fundación Markle resalta la necesidad de una persona real que inspire confianza a la que acudir para solventar problemas relacionados con Internet. Desde hace ya años, estamos organizando cursos de verano para bibliotecarios y profesores de los alrededores con experiencia profesional previa para integrar los nuevos materiales electrónicos con los libros tradicionales. Pero nuestra iniciativa es únicamente un pequeño arroyo que alimenta un océano enorme y en continua expansión. Los resultados del informe Digital Promise [Promesa Digital] elaborado por Newt Minow y Larry Grossman podrían abrir nuevas posibilidades para la preparación de este tipo de profesionales a nivel nacional si se obtiene el dinero de la futura venta de licencias para el uso del espacio aéreo para la transmisión por ondas electromagnéticas.

En cualquier caso, tendremos que dotar nuestras bibliotecas con navegadores del conocimiento que conozcan tanto las nuevas tecnologías como los libros tradicionales. En las escuelas, los niños deben poder acceder mejor a las bibliotecas, a los libros y a los navegadores del conocimiento ya que, en la actualidad, en el país sólo hay un bibliotecario escolar por cada mil escolares.

Nuestros archivos pueden lograr mucho más si ponen en línea un mayor número de documentos manuscritos y colecciones multimedia que, aunque son muy atractivos para el ser humano, en la actualidad su acceso es limitado e invitan a más bibliotecarios y profesores de sus localidades a visitar sus instituciones. Los que trabajan en contacto directo con los estudiantes pueden inspirarse, como lo han hecho nuestros compañeros del instituto de verano, viendo los originales de los documentos que se están digitalizando y hablando con sus conservadores.

El material manuscrito que ahora está disponible en línea gratuitamente desde la Biblioteca del Congreso tiene un gran interés humano (los documentos de trabajo de Jefferson de la Declaración de la Independencia, con todas las correcciones, a través de los que se pueden conocer sus pensamientos; los diarios de Teddy Roosevelt y George Patton; los discursos escritos a manos de Lincoln; las cartas de Susan B. Anthony y Frederick Douglas). Los ricos materiales multimedia que ahora tenemos en línea (como las fotografías
de la Guerra Civil de Brady; las primeras películas de Edison; imágenes panorámicas, imágenes aéreas por barrios de las ciudades americanas en el siglo XIX) atraen a una generación acostumbrada a los medios audiovisuales y, al mismo tiempo, hacen suscitar preguntas que sólo se pueden contestar realmente leyendo los libros.

El papel del bibliotecario ha adquirido más importancia en lugar de perderla ya que ayudan a alumnos de todas las edades a establecer conexiones entre los materiales impresos y electrónicos y a navegar a través del mar de la charlatanería, la información vanal poco fiable y el sexo y la violencia gratuita que está proliferando y que muchos dicen que es lo único que produce beneficios económicos en Internet. Aquí no existe ningún tipo de control cuando, en realidad, debería haber un mecanismo que validase independientemente el material que se transmite. Por ejemplo, entre las noticias que circulan por las listas de correo electrónico relacionadas con las bibliotecas se puede leer: “Un bibliotecario que sigue la doctrina zen buscó ‘nada’ en Internet y encontró 28 millones de documentos”.

La Biblioteca del Congreso está intentando ayudar a desarrollar la biblioteconomía mediante diversos programas que, al igual que la misma Internet, se basan en la cooperaci ón y en el trabajo en red. Me alegro de estar con ustedes ya que todos tenemos que trabajar juntos de una forma mucho más interactiva.

Por ejemplo, la primera pregunta formulada a nuestros Servicios de Referencia Digitales en Colaboración 24 horas al día, siete días a la semana, hace un año fue de un londinense que buscaba información sobre la cocina bizantina, se le envió al servidor de ficheros de la Biblioteca del Congreso y un bibliotecario de Santa Mónica, California, le contestó en unas pocas horas.

Tenemos dos programas que comenzaron a volcar sumarios en la Web, abriendo una puerta tanto a los que consultan Internet en busca de información como a los que usan nuestro catálogo de acceso público en línea. El primero es una versión mejorada del Programa Electrónico de la Biblioteca de Catalogación en Publicación, ya que ahora además de la catalogación introducimos algunos sumarios directamente en el registro bibliográfico en línea a partir de las galeradas sin tener que volver a introducir en el ordenador la información. El segundo escanea los sumarios de publicaciones que ya están impresas ayudando a los catalogadores y bibliotecarios de referencia a decidir la relevancia de los documentos.

También hemos puesto en marcha un proyecto para enlazar los registros del catálogo de la Biblioteca del Congreso con las versiones electrónicas de texto completo de muchos documentos de trabajo monográficos de interés general, como por ejemplo los de la Oficina Nacional de Investigación Económica.

Un cuarto programa ofrecerá información en línea sobre nuevos libros (incluidas la sobrecubierta, resumen, texto a modo de ejemplo e información del autor), este programa será tratado más tarde en el Foro Abierto de la Sección de Bibliografía por John Celli, Director de nuestro Programa de Catalogación en Publicaciones.

Finalmente, la Biblioteca del Congreso ha iniciado un proyecto para identificar aquellos recursos internacionales de Internet que son más valiosos para los investigadores y estudiosos. Cuando haya finalizado, el proyecto creará una página web internacional con enlaces a recursos en línea fiables para todas las naciones del mundo. A mediados de septiembre, usuarios de todo el mundo podrán acceder a los portales de 20 países.

Con diferencia, el reto más difícil al que se enfrenta la biblioteconomía será preservar y ofrecer acceso a los materiales creados originariamente en formato digital, una cantidad creciente de documentos que aparecen sólo en formato electrónico. Hemos definido nuestra tarea en la Biblioteca del Congreso en los últimos años como “abrir la botella de champán”. Pero nos encontramos con el problema de las burbujas ya que los documentos digitales y las tecnologías para utilizarlos están cambiando constantemente y son efímeros pues la vida media de un sitio web es de unos 75 días por lo que una gran parte de documentos importantes se ha perdido para siempre.

Elecciones 2000 es nuestra primera gran colección de sitios web accesibles en línea. Fue concebida por los especialistas de la Biblioteca y se desarrolló en colaboración con el Internet Archive y Compaq Computer. Recogía más de 1.000 sitios web relacionados con las elecciones del año 2000, entre el 1 de agosto del 2000 y el 14 de enero del 2001, con un total de 2 millones de megabytes, se actualizaba muchas veces al día (a menudo cada hora), para recoger las respuestas entre los candidatos y demostrar al mismo tiempo la naturaleza dinámica de Internet.

El año pasado, el Congreso asignó una partida especial a la Biblioteca del Congreso para desarrollar y comenzar a poner en práctica un plan nacional en colaboración con otras instituciones gubernamentales y privadas para preservar el acceso futuro a documentos importantes creados originariamente en formato digital.

Además, hay que reconocer al Congreso su labor de apoyo a todo el trabajo que la Biblioteca del Congreso está haciendo para preservar y hacer accesible el patrimonio creativo de la nación y, en la actualidad, una gran parte del conocimiento mundial. Durante 201 años, nuestros sucesivos gobiernos, sin importar su ideología política, han apoyado a la biblioteca como nadie ha hecho en ninguna otra parte del mundo. Y, en la última década, generosos benefactores privados también nos han ayudado de muchas formas. Nada, repito, nada, sería posible sin nuestro personal totalmente dedicado y con gran experiencia, a muchos de ellos habrán tenido la oportunidad de conocer en las reuniones de la IFLA a lo largo de los años. La Biblioteca del Congreso está haciendo ahora más con menos gente que hace diez años. El personal que lo está haciendo posible, como equipo e individualmente, es un tesoro nacional tan importante como nuestra colección de 121 millones de documentos.

Las redes electrónicas deben ser no sólo medios tecnológicos del marketing y la informaci ón de ocio, sino un sistema circulatorio saludable que regenere todas las partes del cuerpo de la humanidad y, que no será posible sin el corazón, que aún es la lectura, y la vena principal, que aún es el libro.

Estamos celebrando este año el 25 aniversario de nuestro Centro del Libro, que está conectado con 43 centros estatales. El 8 de septiembre, la Biblioteca celebrará en la Colina del Capitolio el primer Festival Nacional del Libro que será presidido por Laura Bush, y esperamos que muchos de ustedes asistan a la gran variedad de actividades que se realizar án al aire libre durante todo el día.

Sin libros, Internet corre el riesgo de convertirse en un juego sin una historia, un juego de fusiones, especulaciones, viodejuegos cada vez más violentos, un juego de navegación sobre la superficie de la vida, un movimiento sin memoria, una de las definiciones clínicas de locura.

Los Estados Unidos fue construido por gente que leían historias y no tenían mucho tiempo para juegos. La historia bíblica era la principal. El primer libro publicado en Norteamérica fue una versión rimada del Libro de los Salmos, que a menudo se cantaba en su totalidad en adoraciones Puritanas. A partir de las historias sagradas los libros escritos surgieron en todas partes y los que olvidaron sus propias historias entenderán con dificultad las de otros que es lo que no debe pasar en la era global. Si hoy no escuchamos a los que oran puede que mañana tengamos que enfrentarnos a ellos cuando den sus gritos de guerra.

Usado adecuadamente, Internet ayudará científicamente a resolver problemas comunes compartidos por grupos muy dispersos en campos como la medicina y el medio ambiente y, al mismo tiempo, a compartir en línea los documentos primarios que cuentan las historias de personas diferentes. Incluso podemos comenzar a ver el mundo exterior como un motivo de celebración en lugar de sólo como una fuente de problemas.

Un anciano nativo americano vino a hablar comigo después de una conferencia que dí en uno de los foros que he mencionado en el que describí a los bibliotecarios como guardianes del conocimiento en la era de la información. Me dijo que, incluso antes de que la cultura del libro llegase a América, la persona con mayor experiencia de la tribu preservaba las historias que contenían la memoria colectiva de su gente de la misma forma que l s bibliotecarios lo hicieron posteriomente. “No le llamábamos guardián”, me explicó sutilmente, “le llamábamos el protector de los sueños”.

Los lectores entablan un diálogo con los escritores y a menudo descubren que los testigos mudos del pasado son con frecuencia guías mejores para la vida que los comentaristas de temas de actualidad. Solo con un libro, la imaginación del lector es libre de vagar. Los límites no los establece la imagen de una persona en la pantalla de la televisión ni las ideas se ven acalladas por el sonido de otras en un radiocasete.

El año pasado con motivo de nuestro bicentenario recibimos la mayor donación económica de nuestra historia por parte de John W. Kluge, que ha sido el presidente del primer grupo nacional del sector privado de apoyo a la Biblioteca del Congreso. Con su donación, estamos creando un centro nuevo que esperamos se encargue de coordinar los estudios avanzados en las humanidades dentro del Edificio Thomas Jefferson en la Colina del Capitolio, esperando con ello renovar el diálogo entre los pensadores y emprendedores que crearon América, para llevar la vida del pensamiento y del espíritu a la ciudad del poder y de la política, un poco más de Grecia, incluso un poco de Alejandría. Invitaremos a estudiosos de prestigio de todo el mundo para que deambulen libremente por nuestras colecciones en diversos formatos y estudien los temas en profundidad. También invitaremos al centro a jóvenes estudiosos que aún no se avergüenzan de seguir preguntando.

Nuestra esperanza yace en las palabras del profeta Joel:

Verteré mi espíritu sobre toda la humanidad…
Vuestros ancianos soñarán sueños,
Vuestros jóvenes verán visiones.

Algunos de los mejores analistas de esta nueva revolución digital han sugerido que sólo los artistas pueden predecir lo que nos deparará el futuro. Así pues, termino citando a uno de los poetas más grandes: el famoso lamento de T.S. Eliot, “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?” Pero incluso más, en “Burnt Norton”, Eliot de algún modo sugiere que una mezcla de sangre y electricidad podría redimir el materialismo mezquino del mundo moderno al que anteriormente había considerado sólo como un páramo.

Un poema que me gusta citar fue escrito en latín por un sacerdote europeo desconocido para un público asiático inexistente. De algún modo, estas líneas me sugieren que si cualquiera de nosotros, bien en la Biblioteca del Congreso o en las redes globales del futuro, pudiéramos encontrar los medios y el deseo para entender otras partes del mundo y el pasado de la humanidad, nos sentiríamos ennoblecidos por el esfuerzo.

Cuando la orden jesuita dejó China después del esfuerzo más profundamente intelectual y casi con más éxito en la historia de tender un puente cultural entre esta cultura oriental antigua y la del occidente cristiano, dejó atrás, como su último legado, un epitafio eterno.

Continúa, viajero,
Felicita a los muertos,
Consuela a los vivos,
Reza por todos,
Contempla y permanece en silencio.

Contemplación y silencio, más fácil para los protectores de los sueños que para los creadores de imágenes. Una biblioteca, incluso una pequeña que esté en una casa o en un lugar público nos evade de nuestras vidas ruidosas, apresuradas, preocupadas por el presente y nos conduce a lo que Keats denominó el mundo del “silencio y de la tranquilidad”.

Porque a pesar de la confusión de nuestras mentes y la profusión de nuestra información electrónica, el libro reúne diversas cosas del mismo modo que los hemisferios (este y oeste, norte y sur) se unen en nuestro planeta único y frágil, y las mitades izquierda y derecha del cerebro en la mente humana. Y dentro de esta mente, como el poeta más grande de la lengua inglesa nos recuerda al final de su última obra de teatro: “Somos“, todos nosotros, “la materia de la que están hechos los sueños“.

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