Reseña. Ilia Galán Díez, Homo o cyborg politicus: nueva e-política (A. E. Castillo Patton)

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Fuente: Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales. ISSNe: 1549-2230. 18(1) 2021: 75-77. http://dx.doi.org/10.5209/TEKN.67623.

Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)

Reseña. Ilia Galán Díez, ‘Homo o cyborg politicus: nueva e-política (evolución de las tecnodemocracias en la cuarta revolución)’

(Madrid, Dykinson, S.L., ISBN: 978-849148-627-5, 202 págs., 2018)

Ninguna duda cabe de que en la ac­tualidad se respiran aires de aroma desconocido en el umbral de la Cuarta Revolución Industrial. Si bien estos vientos contienen partículas del pasa­do, pertenecientes a las grandes trans­formaciones en la industria, hay una serie de elementos extraños que no terminan de ser asimilados por nues­tro organismo en este tiempo venidero que se perfila ex­tremadamente críptico. La observación de este proceso, vinculado a la asimilación cotidiana del nuevo universo digital, requiere, no sólo de grandes dosis de paciencia y pedagogía, sino también de una lectura crítica y reflexi­va acerca de lo que significa, en profundidad, este cam­bio tecnológico que llegará en el inmediato mañana.

Con el objetivo de arrojar algo de luz sobre este fe­nómeno, el último ensayo del provocador profesor, poe­ta y pensador Ilia Galán Díez se presenta como un tex­to singular para tiempos singulares, organizado en tres grandes apartados: I) “Fatiga de las democracias actua­les. El nuevo Antiguo Régimen”; II) “e-Países, nuevas identidades, nuevo anarquismo”; y III) “El parlamento de las máquinas y los humanos”. El autor presenta su­gerentes reflexiones acerca del devenir tecnológico y de su relación con la política, tal y como la conocemos en los sistemas de gobierno de la democracia liberal re­presentativa. Basándose en los trabajos realizados por el filósofo italiano Luciano Floridi en el contexto del Oxford Internet Institute, Galán Díez repasa las princi­pales aportaciones de este autor, pionero en el estudio de la conocida como information ethics o “ética informa­cional”. En primer lugar, en el prólogo del texto justifica la pertinencia del mismo en tanto que un ejercicio de re­flexión necesario en un momento histórico en el cual, tal y como preconizan pensadores contemporáneos como Slavoj Žižek o Byung-Chul Han, se está produciendo un solapamiento y una difuminación entre el medio físico y el medio digital. Según Galán Díez, este desbordamien­to de los límites conlleva la apertura de fronteras desco­nocidas en la interacción con nosotros mismos y con los sistemas de gobierno surgidos en la era industrial, donde la representación delegada de las masas – el pueblo – en la elección de representantes públicos pareciera estar atravesando una fase terminal en el proceso de crisis de la representatividad.

Esta sería la discusión central en el primer gran apar­tado del texto, donde, haciendo un ejercicio de retórica histórica, el autor sugiere que atravesamos un momen­to que, a escala global, tendría sus similitudes con el tiempo histórico del Antiguo Régimen de la sociedad estamental, fuertemente contestada desde lo social y lo tecnológico. Esta aseveración se fundamenta en que, a pesar de los cambios económicos y políticos acaecidos en el régimen de la Modernidad con el despegue del colonialismo, el capitalismo y la revolución tecnológi­ca de la Primera, Segunda y Tercera Revolución Indus­trial, existe una suerte de neo-absolutismo de mercado gestionado por élites no electas que, progresivamente, escapan al control público y que hacen acopio de privi­legios. De acuerdo con Galán Díez, esta crítica se apoya en la impugnación social acaecida en la Gran Recesión mundial de 2008, donde se rompe la confianza históri­ca entre masas populares y élites gubernamentales dada la concienciación de que las instituciones del gobierno representativo, formalmente democráticas, responden a una realidad de la “demoligarquía” como forma real de gobierno. Esta crisis de la representación, en el contexto de la primera gran crisis económica del siglo XXI, abre la puerta a una profunda reflexión respecto al sentido y al sentir democrático en diferentes lugares del planeta. Dicha reflexión pública, atravesada por movilizaciones masivas y por el incremento de la conflictividad social, plantea la necesidad de repensar el gobierno ciudada­no, dado el contexto de desorden social acaecido con la desregulación sin límites y el ensanchamiento de la desigualdad. En este contexto, según el autor, tiene lu­gar un breve retorno a la Ilustración como resultado de la apuesta de figuras racionales y deliberativas, como el “contravoto”, el “decrecimiento” o una reformulación digital de la “democracia directa” o “democracia radi­cal” de Rousseau, que se proponen como propuestas de nuevo modelo de gobierno donde queden aunadas la legitimidad, la tecnología, la sostenibilidad y el talento colectivo. Sin embargo, la frustración que se deriva de la interpelación a élites no receptivas genera un incremen­to del descontento en el que

Por la puerta de atrás, entraron como en tiempos del Romanticismo, no ya la pasión o los sentimientos […] sino las emociones, más cercanas a las sensaciones y menos profundas que la sentimentalidad romántica, pero más pasajeras y, sí mas positivas, más gratas y menos comprometedoras (Galán Díez, 2018, p. 45).

Este giro emocional conecta con una volatilidad política que se traduce, en la actualidad, en la consti­tución rápida y espontánea de partidos políticos sin es­tructura (Podemos, Cinque Stelle, La République En Marche!…), la implosión de movimientos sociales de corto recorrido (15-M, Ocuppy Wall Street, Nuit debout, Mouvement des gilets jaunes…) o la toma de decisiones abruptas (elección de Donald Trump en EEUU, referén­dum del Brexit…).

Según explica Galán Díez en el segundo bloque del texto, este “gobierno del impulso” conlleva el asenta­miento de un nuevo modelo de participación política de orientación y lógica digital donde “llega la democracia no de los partidos o los grupos, la democracia de blo­ques, sino la de las partes, la democracia atomizada o atómica, también por la fuerza de sus inesperadas reacciones” (Galán Díez, 2018, p. 115). Esta nueva constitu­ción política de los sujetos post-crisis, un homo politicus frente al sujeto pre-crisis, se vertebra en la dimensión neo-comunicativa del uso político de Internet, dado que, tal y como afirma Floridi en sus tesis, la evolución de la Historia corresponde a una genealogía de las transfor­maciones tecnológico-comunicativas y sus implicacio­nes en el ejercicio del poder.

En este sentido, el paso de la pre-Historia a la Histo­ria no sólo significa la invención de la escritura y de los formatos físicos que la soportan, sino que dicho invento sustenta un ejercicio de gobierno más allá de los límites abarcables del proto-Estado de la ciudad en la Antigüe­dad. De este modo, al igual que acontece una revolución comunicativa en el tránsito a la Modernidad desde la Edad Media, tal y como postulan autores como Marshall McLuhan o Gerhard Lenski, actualmente está en proce­so una nueva revolución comunicativa en la cual el Esta­do está perdiendo su monopolio como agente comunica­tivo. Este fenómeno, tal y como indica Galán basándose en las tesis de Floridi, se percibe en la aparición de los “agentes múltiples” en la era de Internet, que dan lugar a una descentralización comunicativa del poder. Según interpreta Galán Díez (2018, p. 59), “las características de esos agentes múltiples, se refieren a que pueden te­ner un fin o varios, son interactivos y por tanto moldea­bles y elásticos, son adaptables y autónomos, pero no queda claro que sean propiamente democráticos”. Por tanto, el nuevo horizonte digital del cibermundo, es un neo-espacio donde “los entornos, paisajes y gentes que encontramos por la red pueden convertirse, por una co­municación más intensa y las afinidades que se une por temas, gustos, creencias, etc., en las verdaderas nacio­nes, más allá de las fronteras” (Galán Díez, 2018, p. 51). Esto presenta una transposición y des-territorialización de la disputa política e identitaria entre pueblos y élites donde está abierta la tensión hacia un sistema tecno-po­lítico mundial más democrático o más oligárquico. Una evidencia de la tensión dialéctica en torno a la conquis­ta del continente digital y, en general, de la infoesfera, de acuerdo con Galán Díez, es el resurgimiento de las “eminencias grises” en la world wide web, lo que serían

Unos poderes que son como la yedra, floreciendo en la umbría, pero el problema es que por ello mismo no se dejan ver, como las transparencias; así las ve­laduras. Invisibles unos por su opacidad, otros por su transparente ser o camuflaje, como el aire, pero que bien puede estar envenenado (Galán Díez, 2018, p. 100).

Tomando este fenómeno, Galán Díez reflexiona acerca de los efectos que los nuevos imperios digitales como Google o Facebook pueden tener en la conforma­ción de la opinión y la razón de gobierno del cambio po­lítico que está por llegar, contraponiéndose a los mode­los alternativos de cooperación digital que se pueden ver en multitud de plataformas y programas de elaboración gratuita e interactiva como son aquellos que soporta el sistema operativo de GNU/Linux.

El tercer apartado del texto plantea posibles articu­laciones en el porvenir de la tecno-política y las “de­mocracias digitales” donde, pareciera ser que, irreme­diablemente, los Estados experimentarían una notable reducción en su capacidad tanto comunicativa como ejecutiva. De entre las múltiples ideas que se recogen a lo largo de este apartado, que resume aportaciones pre­vias en el texto, está el factor por el cual el sistema de partidos contemporáneo tendría que optar, de un modo u otro, por la representación en una asamblea digital que es incapaz de incorporar actualmente el sistema político-institucional de las democracias parlamentarias surgidas del siglo XIX. Esta nueva arena política encontraría que la democracia representativa necesitaría una reinven­ción, pero conteniendo parte de las ansias por una de­mocracia directa total, dado que

El pensamiento de los que indican cómo lo digital “debería”, con sentido normativo, recuperar la sobe­ranía en lo que puede ser legítimamente delegado, lo trata desde el panorama de una democracia repre­sentativa, ya que la considera un sistema válido por motivos prácticos y por los límites de la comunica­ción. Pero pronto se da cuenta de que con las nue­vas tecnologías de la comunicación la democracia, que podría ser directa, si mantiene dichos límites es porque somos demasiados y de ahí la necesidad de representación (Galán Díez, 2018, p. 118).

Con esta reflexión, el autor nos anima a no condicio­nar toda decisión a un referéndum permanente, dadas las consecuencias imprevistas y el agotamiento de la parti­cipación que se podría dar en una fórmula de elecciones digitales continuadas. En este sentido, Galán Díez plan­tea la idea de una constitución mixta de la democracia, en su sentido más platónico, en el cual la participación puramente representativa del pueblo digital conviva con fórmulas de gobierno colegiado o de notables para una toma equilibrada de las decisiones. Esta figura del “hi­persenado” conviviría con la elección de una Jefatura de Estado que supere, por fin, el sistema caduco de la monarquía tradicional que se sostiene por herencia fa­miliar en los países que aún se sostiene la monarquía constitucional parlamentaria. De este modo, en términos generales, Galán Díez habla de cómo se podría dar una transición, en términos neoplatónicos, de la “demoligar­quía” a la “demomeritocracia” en su sentido más posi­tivo, en el que pensadores universitarios, científicos de toda clase y personas con méritos acreditados por sus capacidades puedan tomar las decisiones del común en compañía y correspondencia con dicho común, sin es­tar en entornos injustificadamente elevados por razón de privilegios. Finalmente, en esta discusión acerca de los próximos horizontes en la tecno-política, Galán Díez reflexiona acerca de un “gobierno de los robots” dado el actual desarrollo de la Inteligencia Artificial y los algo­ritmos que trabajan en una mayor autonomía y automati­zación en los procesos relacionados con la toma de deci­siones. Según interpreta, y tal y como observa Floridi, la realidad de que la Inteligencia Artificial General (AGI, siglas en inglés) se constituya como figura ejecutiva de un gobierno nacional o mundial es altamente improba­ble dada la imposibilidad de que una AGI pueda generar su propio marco ético. En este sentido, sí que se podrían incorporar elementos propios de la inteligencia artificial en la toma política de las decisiones, pero monitoreadas por manos humanas.

Por tanto, en términos generales, el ensayo de Ilia Galán Díez es una lectura recomendada ya no sólo por el estilo ágil y ligero del texto, sino por las sugerentes e incómodas reflexiones que éste plantea en torno a temas que requieren grandes dosis de sosiego dada la incomo­didad que genera la incertidumbre de los nuevos tiem­pos venideros.

Andy Eric Castillo Patton

Universidad Complutense de Madrid

E-mail: andcas03@ucm.es

https://orcid.org/0000-0002-3033-463X

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